miércoles 8 de abril de 2009

CAFÉ CON JUSTICIA Y PAN CON DIGNIDAD.

Tal vez los pueblos del mundo pueden sobrevivir sin consumir café durante su existencia, ya que este no conforma la canasta “básica” de una población y por lo tanto los ciudadanos, con otras prioridades, llegarán a considerarlo un producto prescindible. Algo inimaginable para aquellos que no concebimos la vida sin él.

Por el contrario, aunque se dice que: “no solo de pan vive el hombre”, ese noble alimento si es parte de la dieta elemental de todos los pueblos, razón por la cual no puede ser obviado de las mesas alrededor del mundo porque, aunque su aporte nutricional es cuestionable, es él quien sacia el hambre entre los más pobres.

Nos ha tocado ser testigos de una compleja y apremiante situacion para las personas alrededor de todo el planeta, porque sin perder de vista que siempre han existido la pobreza, la enfermedad y el abuso, nunca como hoy estuvimos, al mismo tiempo, tan concientes de que la responsabilidad de los hechos recae en nuestros actos, aunque algunos quieran minimizarla, ocultarla, ignorarla o negarla.

Pero si el pan es básico para sobrevivir y el café no es elemental en la mesa de los más pobres por su carácter suntuario o secundario; la justicia y la dignidad no deben estar en esa misma disputa de prioridades, aun a pesar de que, por instinto el hambre sea lo primero que el ser humano busca saciar para no perecer, jamás se debería permitir la injusticia, ni padecerla o ni dejarla impune a nuestro alrededor, porque esta puede eliminar más vidas que la falta de pan.

Desde este café rechazamos enérgicamente la idea de que se trata de algo limitado a unos pocos afortunados, que ya saciaron sus necesidades básicas y pueden darse el lujo de tomarse un “café con justicia”, tanto si se trata de aquellos que por su esfuerzo han conseguido un nivel de vida que les permite entender, como debe ser, que la justicia es un derecho indispensable e irrenunciable; como para esos otros que, indignantemente, se las han arreglado con malas artes para comprarla a su antojo.

La justicia no es lujo que solo se merecen unos pocos, se trata de un derecho, que tanto les conviene a algunos que desconozcamos y nadie debe perder su dignidad por un pan : esas son las mayores verdades en medio de tanto abuso encubierto que por lo general queda impune. El pobre no debe dejarse engañar por unos cuantos que maquillando la realidad, buscan repartirse todo, porque su codicia está primero que la vida digna de los pueblos y pretenden gozar indefinidamente del poder.

Una vez, durante 900 días una ciudad resistió con la mayor dignidad, de la que tal vez tiene registro la historia, el hambre, el frío y el asedio. Sus habitantes morían literalmente de hambre y sus niños consumían una pasta hecha de restos de café con una cantidad mínima de azúcar para tener algo de calorías en el cuerpo; mientras un infame, de los más grandes de la historia, imprimía invitaciones para beber y celebrar en el lujoso Hotel Astoria, que ya veía en su poder al igual que la ciudad.

Pero se produjo el fenómeno más trágico y a la vez sublime del que es capaz un ser humano, el pueblo que prefirió el hambre a ceder su dignidad al opresor y aunque se sucedieron escenas de horror donde afloraron lo peor de las personas, se impuso, el amor propio. Debe ser por eso que sus calles hasta hoy despiden orgullo en el aire y la fama de su dignidad ha pasado a la historia como prueba de que el ser humano es más que un poco de tosca materia.

Salvo memorables ocasiones, los opresores de los pueblos han podido burlar a la justicia o comprarla, escapar como lo hacen los cobardes ya sea hacia la muerte o a la vida confortable producto de su infamia. Por ello el 7 de abril de 2009 debe quedar signado como el dia del inicio, a nivel mundial, del rescate de la justicia para los pueblos, que por primera vez en su historia han contado con un sentencia digna, que a luz de las evidencias, ha dicho basta a la impunidad de los gobernantes corruptos.

La historia tendrá la ultima palabra en la memoria de las naciones, si aquel inmigrante japonés hubiese sido honesto y transparente, tal vez sus aciertos podrían ser ponderados y muchos de sus errores comprendidos pero aquel que miente, desinforma, oculta, traiciona; se enriquece desmedidamente; da limosna a cambio de votos, reparte el pais entre sus hijos y parientes; tortura, quita la vida; ese no tiene otro veredicto que: culpable.





Yvette Irán.

domingo 29 de marzo de 2009

EL CAFÉ DE LA CIUDAD

Con una estampa inconfundible, el café es dueño legítimo y sin competencia, de las calles en cada ciudad del mundo. Lugar reservado y de noble excelencia, que engalana sus avenidas más vistosas pero también sus pequeños rincones y desde donde escapan los más deliciosos aromas al mismo tiempo que quedan cautivos sus más íntimos secretos.

La ciudad cobra vida en cada cafetín, cafetería o gran café y se sincera, consigo misma, conciente de que sus hijos se reúnen en ellos con fines nobles y perversos; sublimes y ordinarios; constructivos y destructivos… Es su destino el que se rige todo el tiempo en la mesa de un café.

Algunas ciudades temieron, antes que todos nosotros, la destrucción del primer ataque en una guerra, diseñado, tal vez, en una mesa apartada del más deslucido de sus cafés, otras se ilusionaron con las revoluciones hasta inmolarse con ellas, dejando a la historia el juicio sobre la sinceridad o no, de los ideales que las inspiraron. Las ciudades han llorado la partida de sus hijos, así como las de sus visitantes, pero sin rencor han abierto los brazos jubilosas a nuevos habitantes de diversos lugares.


Activa y ocupada, la ciudad siempre supo que su rostro tendría que cambiar con el paso del tiempo y la llegada de nuevas épocas, pero quizás nunca espero que de sus propias entrañas surgiera su final sin pena, ni gloria, motivado tan solo por la codicia y la ausencia de moral de unos cuantos que comercian con ella, como si se tratara de un pedazo de tierra inerte cuyos derechos nadie vigila.

Cada vez más saturadas de residentes desarraigados de ellas, las ciudades están siendo destruidas por el exceso de población, la falta de recursos, el comercio desmedido, la contaminación, en todas sus formas, pero sobretodo por el desamor en el que han caído, como primeras victimas de esa globalización, que no respeta las diferencias e individualidades y que sueña con que todos nos convirtamos en un solo prototipo de “ser humano” cuyo fin principal sea el consumo sin medida, ni piedad.

Mientras tanto, los pocos o muchos que aún viven en sus ciudades de origen observan impávidos los ataques indolentes de los recién llegados y no atinan a hacer algo por rescatarla de la indiferencia de sus autoridades y sus nuevos habitantes, que no aman lo que no conocen y solo se rigen por la moderna lucha por el espacio, cada vez mas escaso, la falta de respeto por los demás, la falta de dinero, el olvido de los valores y la ley del más fuerte: la ley de la selva.

En este café de alguna y de todas las ciudades del mundo, queremos invitarlos a reflexionar y a tomar acciones comprometidas con el bienestar de nuestras ciudades, esas de las que somos nativos o aquellas que nos han abierto sus puertas para permitirnos una nueva vida.

“La diversidad es riqueza”, en el Paraphernalia estamos de acuerdo con ello, pero advertimos que se trata de una riqueza muy compleja y difícil de aprovechar si no existe un verdadero espíritu de esfuerzo y compromiso de trabajo mutuo por encontrar puntos que nos conecten para entendernos, para aceptarnos, para tolerarnos, para hacer fuerza común frente a lo que nos perjudica y por encima de todo, para tener éxito en la difícil tarea de integrarnos como sociedad, una sociedad en busca de la justicia y el bien común.

Desde este café de la ciudad queremos recordarles que: “el bien puede más que el mal, es solo que hace menos ruido”, como dice nuestro querido Facundo Cabral y que, aunque les parezca que un simple gesto de amor por su ciudad no la va a salvar del daño de tanta gente que la destruye, se siente bien saber que cada día hacemos nuestra lucha con una sonrisa, con un saludo, con un papel menos en el piso, con un sonido de claxon que dejamos de tocar, con una crucero peatonal que no invadimos, con un taxista al que saludamos antes de preguntarle por el costo de su servicio… en fin cuando nos permitimos simplemente ser más humanos.

YVETTE IRAN
Con profundo amor al Barranco que me vió crecer...





domingo 22 de marzo de 2009

CAFÉ CALIENTE

Para los amantes del café la temperatura perfecta de nuestra venerada bebida no es tema de discusión. Lo bebemos a toda hora, en invierno y verano, helado, tibio pero por excelencia caliente. Es uno de esos placeres en los que podemos hacer uso de la bendita libertad de escoger lo que preferimos en el plano individual pero que, al mismo tiempo, nos recuerda que la vida tiene una dimensión mayor en la cual las decisiones de cada uno son solo piezas de una realidad que compartimos, indefectiblemente en común, con el resto de la humanidad.

¡El café caliente, pero el planeta NO! Ese es el compromiso del Paraphernalia y queremos invitar a todos nuestros asistentes a involucrarse en este reto de ser concientes de la responsabilidad que nos compete en el cuidado de este hermoso planeta azul que nos fue entregado en préstamo para disfrutarlo a plenitud pero tambien para conservarlo en el mejor estado para las futuras generaciones.

Se trata de una invitación para todos, desde los más escépticos hasta los realmente comprometidos, porque para descartar una propuesta hay que conocerla primero pero para apoyarla, para ser parte de la causa, defenderla como ideal, inspirar un cambio y pasar por la vida haciendo camino, hay que creer en ella, hacerla nuestra y luchar por verla realizada.

El Café Paraphernalia, con la profunda emoción de saber que durante una hora estará más compenetrado que de costumbre con esa humanidad unida que tanto anhela, apagará sus luces este sábado 28 de marzo de 2009 desde la 8:30 p.m. hasta la 9:30 p.m. apoyando la iniciativa de la “Hora del Planeta”, que busca crear conciencia acerca de la importancia de ahorrar energía y contrarrestar los efectos del calentamiento global en nuestro planeta.

Será una noche muy especial, porque mediante este gesto nos uniremos a otros millones de seres humanos alrededor del mundo que compartirán una experiencia simultánea, semejante a una multitudinaria oración, en busca de una vida más justa y en paz para todos, basada en la toma de responsabilidad sobre el impacto que nuestra actividad diaria tiene en la sociedad.


Pero nuestra reunión está asegurada, no cerraremos nuestras puertas sino que por el contrario aprovecharemos la oportunidad para discutir temas de interés a la luz de las velas, entre amigos y con respeto a la naturaleza de la que somos parte fundamental pero de ninguna manera los dueños.

Estan cordialmente invitados a la velada de la “Hora del Planeta” pero sobretodo son bienvenidos a la toma de conciencia de que debemos estar unidos para construir, nunca para destruir y menos un milagro como el de la vida que fue puesta en este lugar al que llamamos nuestro hogar: el planeta tierra.

ETTEVY NARI.


http://www.earthhourus.org/es/