Tal vez los pueblos del mundo pueden sobrevivir sin consumir café durante su existencia, ya que este no conforma la canasta “básica” de una población y por lo tanto los ciudadanos, con otras prioridades, llegarán a considerarlo un producto prescindible. Algo inimaginable para aquellos que no concebimos la vida sin él.Por el contrario, aunque se dice que: “no solo de pan vive el hombre”, ese noble alimento si es parte de la dieta elemental de todos los pueblos, razón por la cual no puede ser obviado de las mesas alrededor del mundo porque, aunque su aporte nutricional es cuestionable, es él quien sacia el hambre entre los más pobres.
Nos ha tocado ser testigos de una compleja y apremiante situacion para las personas alrededor de todo el planeta, porque sin perder de vista que siempre han existido la pobreza, la enfermedad y el abuso, nunca como hoy estuvimos, al mismo tiempo, tan concientes de que la responsabilidad de los hechos recae en nuestros actos, aunque algunos quieran minimizarla, ocultarla, ignorarla o negarla.
Pero si el pan es básico para sobrevivir y el café no es elemental en la mesa de los más pobres por su carácter suntuario o secundario; la justicia y la dignidad no deben estar en esa misma disputa de prioridades, aun a pesar de que, por instinto el hambre sea lo primero que el ser humano busca saciar para no perecer, jamás se debería permitir la injusticia, ni padecerla o ni dejarla impune a nuestro alrededor, porque esta puede eliminar más vidas que la falta de pan.
Desde este café rechazamos enérgicamente la idea de que se trata de algo limitado a unos pocos afortunados, que ya saciaron sus necesidades básicas y pueden darse el lujo de tomarse un “café con justicia”, tanto si se trata de aquellos que por su esfuerzo han conseguido un nivel de vida que les permite entender, como debe ser, que la justicia es un derecho indispensable e irrenunciable; como para esos otros que, indignantemente, se las han arreglado con malas artes para comprarla a su antojo.
La justicia no es lujo que solo se merecen unos pocos, se trata de un derecho, que tanto les conviene a algunos que desconozcamos y nadie debe perder su dignidad por un pan : esas son las mayores verdades en medio de tanto abuso encubierto que por lo general queda impune. El pobre no debe dejarse engañar por unos cuantos que maquillando la realidad, buscan repartirse todo, porque su codicia está primero que la vida digna de los pueblos y pretenden gozar indefinidamente del poder.
Una vez, durante 900 días una ciudad resistió con la mayor dignidad, de la que tal vez tiene registro la historia, el hambre, el frío y el asedio. Sus habitantes morían literalmente de hambre y sus niños consumían una pasta hecha de restos de café con una cantidad mínima de azúcar para tener algo de calorías en el cuerpo; mientras un infame, de los más grandes de la historia, imprimía invitaciones para beber y celebrar en el lujoso Hotel Astoria, que ya veía en su poder al igual que la ciudad.
Pero se produjo el fenómeno más trágico y a la vez sublime del que es capaz un ser humano, el pueblo que prefirió el hambre a ceder su dignidad al opresor y aunque se sucedieron escenas de horror donde afloraron lo peor de las personas, se impuso, el amor propio. Debe ser por eso que sus calles hasta hoy despiden orgullo en el aire y la fama de su dignidad ha pasado a la historia como prueba de que el ser humano es más que un poco de tosca materia.
Salvo memorables ocasiones, los opresores de los pueblos han podido burlar a la justicia o comprarla, escapar como lo hacen los cobardes ya sea hacia la muerte o a la vida confortable producto de su infamia. Por ello el 7 de abril de 2009 debe quedar signado como el dia del inicio, a nivel mundial, del rescate de la justicia para los pueblos, que por primera vez en su historia han contado con un sentencia digna, que a luz de las evidencias, ha dicho basta a la impunidad de los gobernantes corruptos.
La historia tendrá la ultima palabra en la memoria de las naciones, si aquel inmigrante japonés hubiese sido honesto y transparente, tal vez sus aciertos podrían ser ponderados y muchos de sus errores comprendidos pero aquel que miente, desinforma, oculta, traiciona; se enriquece desmedidamente; da limosna a cambio de votos, reparte el pais entre sus hijos y parientes; tortura, quita la vida; ese no tiene otro veredicto que: culpable.
Yvette Irán.

Activa y ocupada, la ciudad siempre supo que su rostro tendría que cambiar con el paso del tiempo y la llegada de nuevas épocas, pero quizás nunca espero que de sus propias entrañas surgiera su final sin pena, ni gloria, motivado tan solo por la codicia y la ausencia de moral de unos cuantos que comercian con ella, como si se tratara de un pedazo de tierra inerte cuyos derechos nadie vigila. 
“La diversidad es riqueza”, en el Paraphernalia estamos de acuerdo con ello, pero advertimos que se trata de una riqueza muy compleja y difícil de aprovechar si no existe un verdadero espíritu de esfuerzo y compromiso de trabajo mutuo por encontrar puntos que nos conecten para entendernos, para aceptarnos, para tolerarnos, para hacer fuerza común frente a lo que nos perjudica y por encima de todo, para tener éxito en la difícil tarea de integrarnos como sociedad, una sociedad en busca de la justicia y el bien común.

